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Roberto Juanpataoro: el presente, la amistad y el Maxibásquet

Maxibásquet Roberto Juanpataoro

Es la última entrega de esta extensa y maravillosa charla que tuvimos con Roberto Juanpataoro. Llega el turno del presente, de las resignificaciones de un deporte que lo ha acompañado toda la vida y que llega hasta el presente con la competencia del Maxibásquet a nivel local, con la selección de Bahía y los mundiales de la categoría. Los vínculos que le dio el básquet, los agradecimientos  y mucho más.

Después de dejar de dirigir volviste a jugar pero esta vez en Maxibásquet. ¿Cómo influyó el problema cardíaco?

En el 2016 nos hicimos los estudios obligatorios para poder jugar el Maxibásquet de la ABB. Por suerte dieron bien. Le expliqué al médico lo que tenía, pero el me dejó tranquilo porque me dijo que en la actualidad con los avances de la medicina si el problema me hubiese surgido ahora podría jugar tranquilamente.

¿Cómo fue tu llegada al Maxibásquet? Se que te contactó Raúl López.

Yo trabajaba para una concesionaria de la ciudad que está ligada a la familia de Raúl y además jugaba los torneos que se organizaban en Pacífico y Whitense, así que armamos un equipo para competir en la Maxi.

Ulises Agulló y Claudio Palermo armaron el torneo que hoy es el de la ABB con ustedes como uno de los fundadores. ¿Es así?

Fuimos de los primeros en ingresar en el torneo, con otra denominación, hasta que la Asociación, con muy buen tino, la oficializó como dos categorías más del básquet de la ciudad.

¿Cómo fue la decisión de representar a El Nacional en la +40?

No hubo misterio, Raúl está estrechamente ligado con el club, nos conseguía las camisetas y fue muy sencillo decir que sí. Ahí empezamos a jugar ya vinculados con ellos hace dos años.

¿Jugaste el Provincial con la selección de Bahía en categoría +45 y también un Mundial FIMBA?

En el Provincial salimos campeones en +45 y después jugamos un Panamericano en Costa do Sauipe. El Mundial fue en Italia. No había que clasificarse, simplemente había que anotar al equipo que iba a participar. Lo hicimos en +55, en ese equipo estaba: Mauro Grippo, Ignacio Barga, Jorge Faggiano, Raúl López, Dario Miranda y Rosas Dennis que es el mentor de todo esto, entre otros.

Me imagino que la experiencia fue gratificante

Es hermoso disputar torneos así. Jugamos 5 partidos en 9 días y te encontrás con jugadores de un nivel sobresaliente. Eran 13 zonas de cuatro equipos y había otro equipo argentino donde jugaba Duffy, Tato Ibarra, Arejula un equipazo.

¿Cómo les fue deportivamente en el Mundial de Maxibásquet?

Nosotros ganamos dos partidos en suplementario. Uno porque nos subestimaron, si no era imposible que les hubiésemos ganado. Después jugamos con Alemania que era un equipo armado por la Federación alemana: médico, preparadores físicos… hiper profesionales. Nos fueron a scoutear el día anterior y nos sacaron 30. Ahí nomás, le ganamos a México en suplementario, ellos tenían un pívot de 2.11 mts que había jugado en la selección de su país. Después avanzamos de ronda, pero Grecia, nos ganó sin problemas.

¿Qué es lo que más valorás al seguir vinculado al básquet de esta manera?

Primero y principal que el físico me permite desarrollar la pasión dentro de la cancha, eso es lo que más valoro. Que yo hoy pueda jugar y competir todas las semanas es un regalo, por más que después me duela hasta el alma. Soy un agradecido al trabajo de Ulises Agulló y Claudio Palermo y a la ABB por darnos la entidad y la posibilidad de jugar en las canchas de Bahía, con los árbitros del Colegio.

El Maxibásquet tiene una entidad competitiva, pero a la vez otorga otras cosas que en competencia no se generan ¿Crees que esto es así?

Yo conocí gente que la verdad que no pensé que iba a conocer y vincularme de la manera que lo hice. Hemos armado un grupo de amigos que nos juntamos dos o tres veces por semana a jugar, de diferentes edades, de distintos lugares todos con la pasión de por medio.

¿Los vínculos son muy importantes en el Máxibásquet?

Entablé una relación de amistad con Raúl López, que tenemos una diferencia de edad de 12 años, con los Scolari que tengo cinco o seis años más. Todos jugamos en diferentes tiempos y no nos enfrentamos por esas diferencias etarias o por estar en otras categorías. Nos encontramos ahora de esta manera, gracias a esto y es maravilloso.

 

Raúl López y Roberto Juanpataoro (El Nacional) Maxibásquet

Raúl López y Roberto los vínculos de dos generaciones de básquet

 

¿El hecho de haberte retirado joven por lo del corazón te hace valora más la situación actual?

Yo le digo a los muchachos cuando se enojan por algún fallo arbitral o porque jugamos muy tarde: agradecé que te da el físico para poder disfrutar de lo que más te gusta. Yo me tuve que retirar con 33 años y dejar de jugar es duro, por más que pude hacer la transición como entrenador y no lo sentí tanto, pero cuando volví lo valoré el doble. Por eso hay que estar agradecido de poder disputar este tipo de torneos.

El otro día hablaba con un amigo y le decía que cualquiera que haya jugado a esto de manera federada nunca deja de ser jugador ¿Crees que esto es así?

Yo cuento las horas para volver a jugar. La cancha es mi zona de confort donde me siento yo mismo: primero porque estoy con amigos, después porque estoy en un ambiente competitivo y el de enfrente también quiere ganar y el hecho de que la rotación mínima sea de siete te hace sentir importante porque donde falla uno perdemos todos.

Roberto Juanpataoro jugador es…

Un asistidor, siempre me definí como un pasador. Mi altura me ayudó mucho a desarrollarme en la posición, porque me daba más libertad para encontrar los ángulos y a mis compañeros.

Estudiantes

Una escuela de fundamento. Yo empecé jugando de pivot, pero nos formaron para poder jugar en todas las posiciones, jugué en todas las categorías, vivía adentro del club… mi vida era el club cuando era chico.

Beto Cabrera

Humildad. Es lo primero que se me pasa por la cabeza cuando pienso en él. Trabajaba todo el tiempo, con cualquier jugador y siempre decía: “si lo puedo hacer yo, vos también”.

¿Un jugador que te haya deslumbrado?

Jorge Faggiano: tenía 16 años y la enterraba hasta el codo. Nosotros nos mirábamos y no entendíamos nada. En un año estaba en la selección de juveniles, siempre fue determinante, su sacrificio en lo individual y la competencia lo volvió un jugador maravilloso.

¿En estos años de vinculación con el deporte te diste cuenta de algo que por ahí se te había pasado cuando jugabas?

Después de mucho tiempo me di cuenta que uno no juega para divertirse, si no que se divierte… y por eso juega.

 

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