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Mario Minervino: «Bahía es básquet desde inicios del siglo XX»

Mario Minervino Bahía

Bahía Blanca tiene referencias ineludibles a la hora de hablar de su historia. Una de ellas es Mario Minervino, ingeniero, periodista e historiador, con quien hablamos de manera extensa sobre su vida, la ciudad, el básquet, la arquitectura y mucho más.

MINERVINO: «LA ACTITUD SIEMPRE FUE INNEGOCIABLE PARA BAHÍA EN EL BÁSQUET»

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Polo y Lito y un grito que habla de la idiosincrasia del básquet bahiense.

Oriundo de un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires cercano a Junín, llegó a Bahía siendo adolescente junto a sus dos hermanos y sus progenitores. La primera impresión de la ciudad no fue la mejor, pero 50 años después, ese «desierto caliente», se convirtió en parte suya para siempre.

Ingeniero Civil de profesión, periodista e historiador por amor y vocación, pocas personas pueden alegar conocer tantos secretos de Bahía Blanca como el protagonista de esta nota. Cuando habla de periodismo, se le encienden los ojos, tanto como cuando habla de un hecho que marcó una época. Mario Minervino nos cuenta su historia, la historia de Bahía y mucho más.

Bahiense por adopción”, nunca ante dicho esto…

“Llegué a Bahía Blanca en febrero del año 1972, nací en un pueblo muy chiquito llamado Germania, cerca de Junín. La primera impresión que me llevé de la ciudad no fue la mejor, hacía mucho calor y me dio la sensación de que era un desierto”.

“Cómo no conocíamos a nadie, mi madre me hizo socio del Club Estudiantes y mi padre de la Unión Vasca, con la clara intención que empiece a socializar”.

¿Te metiste de lleno con el básquet o empezaste por otro lado?

“Desde ese año ya me empecé a vincular con la historia del básquet bahiense a través de Estudiantes. El club tenía una vida social enorme, se hacían muchísimas disciplinas, yo jugaba a la pelota paleta y hacía casi todos los deportes, pero de manera informal, incluso el básquet, donde empecé a aprenderlo, pero nunca competí a nivel federativo”.

¿Jugaste de manera formal a algún deporte?

“La única actividad formal que hice de manera oficial fue jugar al fútbol en Liniers, durante un año. Yo estaba en la Liga Comercial, tenía ya 24 años, y me vio jugar Carapella que era el entrenador del club en un amistoso y me convocó para que vaya. Al mes había debutado en Primera División jugando de creativo, pero nunca me pude adaptar al juego de cancha de 11 y al año dejé, porque me atrasaba en los estudios de mi carrera universitaria”.

“En 1983 me recibí en la UNS de Ingeniero Civil y ejercí la profesión al rededor de unos 15 años trabajando en una empresa bahiense que se llamaba Bernardi De Carolis. También en ese tiempo, trabajé en Caleta Olivia, Rio Gallegos, Comodoro Rivadavia, Luján y otros lugares, siempre como constructor”.

Mario Minervino Liniers

Mario Minervino (Izq) con la camiseta de Liniers

¿Igual que Roberto Seibane, una persona vinculada a una carrera dura que termina oficiando de historiador y periodista?

“La ingeniería no era lo mío, yo me daba cuenta que me costaba. Ir a la obra era todo un tema, lo hacía, pero algo me decía que no era por ahí. Me hice especialista en cotizar licitaciones y en ese sentido estaba más cómodo que en la construcción. Al mismo tiempo iba escribiendo cosas; siempre me gustó redactar”.

“La carrera de Ingeniería es dura, ya en el trayecto de la misma me di cuenta que mi pasión iba por otro lugar. A mi me gustaba leer a Borges, García Márquez, novelas, cuentos, menos de cosas vinculadas con la carrera”.

¿No se te ocurrió largar todo y empezar con el periodismo o la historia?

“En esa época no se me ocurrió dejar la carrera e ir por otro lado, por lo tanto, despuntaba el vicio de la escritura enviando al diario escritos a “Cartas al lector”. Empecé a mandar escritos a La Nueva Provincia, con temáticas variadas y la primera que me publicaron fue en el 79 ,en una narración que hacía una comparación de ídolos, con el reciente nombramiento de la Madre Teresa de Calcuta al premio Nobel”.

¿Cómo fue ese momento al abrir el diario?

“Para mí tuvo un impacto gigante en mi vida ver mi firma ahí. Eso me envalentonó para seguir enviando escritos. Además, el diario tenía dos lugares para narraciones más largas, que se llamaban “Otras Voces” y “Ventana a la polémica” y empecé a escribir desarrollos más extensos sobre temas como la amistad, la familia, cuestiones cotidianas y salían publicadas. Claramente ese era el camino, por más que yo todavía no lo veía así”.

“Siempre fueron una satisfacción gigante mis escritos, incluso más que mis construcciones, eso marcaba claramente que la profesión estaba yendo por un lado y la pasión por otro. Estaba seguro que quería seguir escribiendo, aunque no sabía todavía sobre qué. Por lo tanto, reflexionaba sobre algunas cuestiones generales, pero todavía no terminaba de definir un lugar”.

¿Por qué el periodismo?

“Siempre tuve fascinación por los periodistas. Cuando alguien me decía que lo era, lo miraba con otros ojos, había un respeto mayúsculo de mi parte para con la profesión. El mundo del periodismo, desde el costado de que alguien te cuente una historia, narrarla, encontrar una nueva. Esto ya lo tenía dentro mío mientras estaba dedicado a la ingeniería”.

¿Cuándo te vinculaste de manera directa al periodismo?

“Recién en el año 1993 me acerqué a La Nueva Provincia, para proponerles hacer un apartado dentro del diario dedicado a la arquitectura y a la ingeniería. Ahí pude juntar, mi profesión, con mi pasión y tuve mucha suerte, porque justo se pasaba del blanco y negro al color y querían algo que impacte desde lo visual y esto venía como anillo al dedo”.

“Recuerdo que la primera vez que me senté en la redacción de la Nueva dije, “de acá no me sacan más” y acá estoy. Incluso dije, “donde se distraigan, estoy escribiendo las editoriales” y 10 años después lo estaba haciendo”.

¿Cómo fueron esos comienzos con la prensa escrita?

“Empecé a ver cómo podía hacer para ampliar mi contenido y me di cuenta que había espacio para notas de historia de la ciudad. A mi me encantaba la temática y encima salía publicada el domingo a página entera. Tras ello, Martín Allica, tenía una sección chica en la parte de editoriales que publicaba a diario y dijo que no la quería hacer más, por lo que quedó el vacío y empecé a redactar efemérides en una sección llamada “Las Formas del Ayer, historias de Bahía Blanca”.

Bahía

Bahía derrota a Yugoslavia en el Tomás

¿Cómo era el trabajo por aquel entonces, sin el acceso a la tecnología de la actualidad?

“Trabajaba todo el tiempo en el archivo del diario. Hay que pensar que está encuadernada la colección de la Nueva Provincia desde el número 1 a la actualidad (1898 – 2022) allí iba en busca de los días en que me interesaba la efemérides y rastreaba los diarios de 30-40-50 años atrás para ver si había historias interesantes que reflotar o investigar. Este trabajo, me llevó a volverme un conocedor de la historia de la ciudad, casi sin quererlo, solo por ir en busca de esas anécdotas y relatos”.

“Así fue como llegué hace poco a la historia de Popovich jugando en Bahía en el año 1972, estaba chequeando otra información, cuando me topé con la llegada de EEUU a la ciudad con el equipo del Preolímpico y en él estaba un tal “J. Popovich”, empecé a indagar más y me di cuenta que eran muchas casualidades: jugaba en Air Force, estuvo convocado para la gira previa de los Juegos Olímpicos, chequié fotografías… Después fue ir a la fuente directa. Le pedí a Montecchia que le preguntara a Manu, si podía indagar a Popovich sobre eso y cuando llegó la respuesta, fue una alegría enorme. Esas son las cosas que siempre me apasionaron del periodismo hasta el día de hoy”.

La historia de la ciudad está hermanada con el deporte madre de la misma. Me imagino que buceando en los archivos la pelota naranja aparece de manera permanente

“Rastreando las historias del pasado, empecé a vincular el básquet con la idiosincrasia misma de la ciudad. “Bahía es Básquet”, no solo en la época dorada de Fruet, Cabrera y De Lizaso, si no desde los mismos inicios del siglo XX”.

“Tuve un inmediato enamoramiento de lo que fueron esos 20/25 años entre los 60s y 70s. No era broma, Bahía era el centro del básquet a nivel país, los triunfos de las selecciones y equipos bahienses ante la elite del deporte fue maravilloso”.

“Ganarle al campeón del mundo con jugadores de metro ochenta, que eran amateurs, empleados bancarios, de comercio, que entrenaban después de toda una jornada laboral, eso generó una mística que a mi me atrapó particularmente”.

¿Fue la era dorada del deporte en la ciudad a tu entender?

“En esa época el básquet era una temática recurrente, en lugares de la ciudad icónicos como “La Rotonda” en Galeria Plaza, en el “Café número uno”, en el “Shao Shao” la gente se juntaba a discutir sobre el torneo local, las selecciones de la ciudad y provincia”.

“Se jugó contra Yugoslavia, contra EEUU, con jugadores de 2,17 mts, 2,05 contra los nuestros, que tenían a cuatro de 1,86 mts y con esa desventaja física y de preparación notoria, se les ganó. Eso forja una identidad, una mística que es imborrable”.

“La actitud siempre fue innegociable para el bahiense que va a ver básquet y creo que perdura hasta hoy. La triada histórica era una muestra cabal de ello, cuando se ponían la camiseta de Bahía se transformaban. Me acuerdo hablar con Lito cuando comenzó con el Museo del Deporte y le preguntaba, como hacía para agarrar tantos rebotes siendo un tipo de 1,87, eso habla de la actitud, del deseo, de la competitividad y el hambre que tenían”.

Nota de autor*

La primera parte  ha concluido, pero esto no termina aquí, Mario Minervino se meterá de lleno en la historia del Básquet de Bahía, los íconos del deporte bahiense, los momentos de esplendor, la arquitectura y su relación con el deporte de la ciudad y mucho más en la segunda parte.

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