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Gustavo Gallego: de Pueyrredón al Dakar

“El básquetbol ayudó mucho en mi formación personal porque me enseñó a no bajar los brazos en la adversidad y a dejar todo en procura de alcanzar un objetivo, por más difícil que sea”.

Más allá de que los ecos de la consagratoria actuación que alcanzó en el Dakar 2019 (desarrollado en territorio peruano) aún resuenan en sus oídos, Gustavo Gallego no se olvida que buena parte de sus raíces se forjaron en el club Pueyrredón.

Por esa razón tiene muy presente que antes de acelerar a fondo su cuatriciclo Yamaha con el que se subió al tercer escalón del podio de la competencia de rally más dura y difícil del mundo pasó muchas horas de la infancia y la adolescencia en la entidad de calle Darregueira, corriendo detrás de una pelota naranja.

“Pueyrredón es un típico club de barrio, pero en mi caso representa la entidad que me ayudó a fijar muchos de los valores que me enseñaron en el hogar”, subraya.

Gustavo sigue canalizando su pasión por el básquetbol jugando con amigos, en esos típicos “picados” de entre semana en los que suelen mezclarse cientos de bahienses.

“Tengo que reconocer que no tenía condiciones, pero le ponía todas las ganas cuando me tocaba entrar. Así y todo jugué hasta la categoría Sub 21, siempre en Pueyrredón, el club de mis amores y mi segunda casa, donde pude compartir una cancha con muchos de mis compañeros de escuela, varios de los cuales hoy son dirigentes”, afirma.

Después del básquetbol Gallego incursionó en el motocross, donde comenzó a tomarle el gusto a la velocidad y al riesgo que implica sortear obstáculos yendo con el acelerador a fondo.

Así llegaría luego el salto a los cuatriciclos, categoría en la que alcanzó resultados relevantes a nivel nacional e internacional que le abrieron la puerta a la edición 2017 del Dakar, en la que debió abandonar tras padecer inconvenientes mecánicos.

En 2018 fue por la revancha y, tras varias etapas en las que estuve entreverado con los punteros, otra vez debió debió resignarse a no ver la bandera a cuadros luego de sufrir una caída en la que se fracturó el peroné de la pierna derecha.

Recuperarse de la lesión le demandó mucho más tiempo del previsto en principio, pero esa circunstancia no hizo mella en su ánimo, ya que retempló el espíritu y fue por su tercera experiencia, que esta vez sí resultó exitosa.

“Fueron años intensos en lo que cumplí el sueño de llegar al podio de una carrera de la magnitud del Dakar. Lo logré, pero tuve que realizar esfuerzos de todo tipo, económicos, físicos y psicológicos, en los que además dejé muchas cosas de lado”, señala.

Ahora es tiempo de bajar varios cambios y disfrutar en familia. Otra vez en Bahía, siempre cerca de los amigos y de su querido club Pueyrredón, ese que un día le abrió las puertas para enseñarle que ningún objetivo se consigue sin constancia y sacrificio.

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