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Con el fallecimiento de Feliziani se fue un «Cacho» grande de la historia de Napostá

Feliziani

Una noticia sumamente triste para la comunidad de Napostá y el básquetbol bahiense en general se vivió ayer por la tarde, con el fallecimiento de Atilio Eduardo Feliziani.

«Cacho» quedará guardado en la memoria de todos quienes lo conocimos y alcanzamos a disfrutarlo, escuchando anécdotas e historias del básquetbol.

Había nacido el 17 de junio de 1933, estaba casado con Mercedes Sánchez, de cuyo matrimonio nacieron Marcela, Adriana y Juliana.

Tuvo también ocho nietos y dos bisnietos.

Feliziani

Ultimamente, como espectador, no se perdía partido de su querido club y, poco antes, hasta de Liga Nacional. Iba a todos lados. Amaba el básquetbol.

Fue jugador, árbitro, técnico y llegó a ser presidente de la entidad de la Avenida Alem.

Sus comienzos fueron allá por 1946, en Infantiles, siendo poco después campeón de cadetes, y conquistando el título de quinta en 1950.

Con 15 años ya jugaba en Primera.

En 1950 se había ganado la titularidad en un equipo que luchaba siempre los primeros puestos con Altense y después Bahiense Juniors.

Ese mismo año «Cacho» debutó en la selección Mayor bahiense, con apenas 17 años.

Feliziani

Su rendimiento le permitió ganarse un lugar en Provincia, con el que fue campeón en 1957.

Cuentan quienes lo vieron de cerca que su técnica era impecable, tenía un tiro de alta efectividad, era seguro para los contraataques y muy buen pasador.

Todo esto le sirvió para que lo convocaran a la selección argentina que jugaría el Sudamericano de Chile, en 1957, pero no pudo concurrir porque se perdía los mejores meses de venta de fruta y verdura, lo que a la larga le dio de comer.

«Me gustaba tirar y jugar, pero no hacer preparación física. Sin embargo, jamás tuve una lesión importante en 24 años. Será porque no tomo, no fumo y porque Dios sabe que el básquetbol es la gran pasión de mi vida y no quiso privarme de ese placer», dijo Feliziani alguna vez.

Siguió recorriendo las canchas bahienses hasta que su físico se lo permitió. Disfrutó, sufrió, discutió, pero siempre, de frente, fiel a su característica.

Se lo extrañará, pero todo aquel que lo conoció sabe que «Cacho» disfrutó de la vida. Y eso genera alivio, más allá del lógico dolor.

Feliziani

En el deporte consiguió casi todo lo que se propuso, salvo esa espina que se llevó clavada.

«Napostá es todo para mí. Y lo seguirá siendo. Mi gran lamento es no haber podido nunca sacarlo campeón», se lamentó más de una vez.

Se fue Atilio Feliziani, y con él, un «Cacho» grande de la historia de Napostá.

Créditos: Fernando Rodríguez, LaNueva.

Fotografía: LaNueva.

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